
El Barcelona conquista la Copa del Rey tras vencer al Real Madrid en la prórroga

El Barcelona proclamándose campeón de La Copa del Rey. – Fuente: X Oficial FC Barcelona
Sangre, sudor y gloria: El Barcelona se lleva la Copa del Rey y ya está un paso más cerca para la conquista del triplete
El FC Barcelona se proclamó campeón de la Copa del Rey 2025 tras vencer al Real Madrid por 3-2 en una final épica disputada en la Cartuja. El conjunto Azulgrana remontó un 1-2 en contra y selló el triunfo en la prórroga con un gol de Jules Koundé en el minuto 116.
La diferencia entre ambos equipos fue abismal, un Real Madrid que no supo estar a la altura del escenario ni del escudo que lleva en el pecho. Una final que no solo coronó a los azulgranas como campeones de la Copa del Rey, sino que también dejó al Madrid retratado: un equipo sin carácter, sin ideas y lo que es más preocupante, sin vergüenza competitiva.

Desde el primer minuto la diferencia de hambre fue clara, el Barcelona salió a comerse el partido, entendiendo que las finales no se juegan, se ganan. El Madrid, en cambio, parecía haber confundido la solemnidad e importancia del partido con un entrenamiento más. Una actitud displicente, un ritmo cansino y una alarmante falta de colmillo por parte de los de Ancelotti.
El primer gol del Barcelona, mejor dicho, el primer golazo del Barcelona, que convirtió Pedri desde el borde del área, haciendo que fuese imparable para Courtois. El gol no fue más que un reflejo de las tendencias y juego que ha llevado cada equipo durante toda la temporada: un Barcelona estructurado, trabajado tácticamente, con intensidad, presionando arriba y con acierto de cara al gol. Y por su parte un Madrid desordenado, que no sabe a qué juega a estas alturas de la temporada y roto tácticamente.
Lo verdaderamente preocupante fue que durante la primera mitad no hubo una reacción por parte del Madrid tras el gol; ni un arreón de orgullo, ni una entrada a destiempo, ni un grito de rabia… nada. Silencio en las botas y en los corazones, y eso no está bien, porque en el futbol se puede ganar o perder, eso no importa, lo que si importa es cómo se gana y cómo se pierde.

En la segunda parte, con la entrada de Mbappe pareció que el Madrid mejoró algo, aunque más que una mejoría del Madrid hubo un detrimento en el juego del Barcelona, ya que este bajó mucho la presión arriba lo que permitió al Real Madrid jugar más relajado y encontrar algo más de hueco entre líneas. Lo que le sirvió para dar la vuelta al marcador y remontar el 1-0 y colocarse en ventaja con un 1-2.
Pero la alegría en la casa del pobre dura poco, y no sabiendo aprovechar su ventaja al final del tiempo reglamentario, tras una horrorosa actuación de Rüdiger y una salida muy mal calculada del guardameta Courtois, Ferrán Torres empataría el partido llevándolo a la prórroga. Este gol también tiene parte de culpa el técnico italiano, ya que sabiendo que uno de tus centrales está tocado, a falta de 5 minutos para finalizar una final de Copa del Rey, podría haber realizado algún movimiento en el banquillo para evitar jugadas como la que supuso el empate del partido.
Ancelotti, que tantas alegrías le ha dado al Madrid y a sus aficionados, ayer, al igual que en el resto de la temporada, no ha sabido estar a la altura. Parecía estar resignado en el banquillo, tardó como de costumbre en realizar cambios que cambiaron poco o nada el devenir del partido. Porque el problema no era de nombres, era de alma. Ceballos, Vinicius, Brahim… todos naufragaron en una noche que exigía mucho más que talento: exigía agallas. Y el Madrid, que siempre presume de remontadas imposibles, de ADN ganador, del espíritu de Juanito y de no rendirse jamás, mostro la peor de las caras: la de la apatía.

El Barcelona, sin grandes aspamientos, simplemente hizo lo que exige una final: competir. Ganó porque quiso más. Ganó porque el Madrid se lo permitió, ganó porque mientras unos soñaban con la gloria, teniendo hambre de títulos, de revancha, de esfuerzo… otros parecían pensar en las vacaciones.
Parecía que el Madrid últimamente está más precupado y centrado en sus luchas contra la liga y los árbitros que en mirarse al ombligo para detectar sus carencias y empezar a buscar soluciones: mala planificación deportiva, lesiones musculares excesivas que han mermado la plantilla, lo que es síntoma de un equipo de preparadores físicos que o bien no hacen su trabajo correctamente o que directamente no hay dicho trabajo físico. Y lo más evidente que se ha visto durante la temporada: no hay entrenador. Parece muy atrevido e injusto siendo Ancelotti uno de los mejores entrenadores del mundo y que tanto ha ganado con el Real Madrid, pero esta temporada no ha trabajado al equipo.

La imagen final de los jugadores del Real Madrid siendo expulsados, invadiendo el campo ante su rabia e impotencia contrastaba con la alegría y la victoria merecida de los jugadores culés. Es el resumen de una temporada que, de seguir así, terminará en el más absoluto vacío para los blancos y dando grandes alegrías a los culés.
El Real Madrid perdió mucho más que una final, perdió la oportunidad de limpiar su imagen en una temporada que empezó mal, ha continuado peor y está terminando desastrosamente. También perdió el respeto de quienes saben que vestir de blanco obliga a pelear hasta el último aliento, siendo algo que no se negocia ni se puede comprar con millones: se tiene o no se tiene. Y en la final quedó claro quien tenía alma de campeón y quien no.
El Barcelona ya ha conquistado la primera de las coronas, la liga la tiene casi ganada y el mayor reto lo tiene en la Champions para alcanzar el tan ansiado triplete. No queda más que felicitarle por su gran actuación, por no rendirse en la final y por creer más y jugar mejor.






