
‘Devuélvemela’: agobio en el rural satánico

El sugerente póster de ‘Devuélvemela’ | Fuente: @bringherbackmovie (Instagram)
- A24 está detrás de esta espeluznante película con la pérdida como protagonista
- Un tono sentimental y el juego al despiste son sus talones de Aquiles
Abrir la puerta del baño y ver a tu padre muerto en el suelo debe ser un palo duro. Si encima le añades que la mujer que te va a tutelar es una psicópata, el problema se agranda. Esta es la premisa inicial de la nueva propuesta del dúo de directores, y gemelos, australianos Danny y Michael Philippou, los cuales cosecharon éxito con su obra nobel, la inquietante Háblame. Con la ayuda de la prestigiosa productora A24, el tándem se sigue enmarcando en el terror en su nueva historia.
Devuélvemela (un título bastante soso que recuerda al destripe de ese mal escogido La semilla del diablo) adentra al espectador en la vida de dos hermanos que acaban de quedarse huérfanos. La madre de acogida asignada es Laura, interpretada por la aclamada Sally Hawkings. Aunque parece la persona ideal para cuidar a los desgraciados menores, sus acciones empezarán a tornarse extrañas. Empezando porque tiene a otro niño a su cargo en casa, Oliver, que padece mutismo y su conducta es perturbadora.
La virtud y lastre de la expectación
El filme posee un gran acierto que ayuda a que el interés se mantenga: no hace esperar al espectador. Desde prácticamente el minuto uno existe una atmósfera de incomodidad que ayuda a que el ritmo no decaiga. No obstante, esta premura trae consigo también un efecto contrario: se apuesta demasiado por la intensidad y poco por el misterio. Es obvio que la nueva progenitora esconde algo perverso. Teniéndolo claro, hubiera sido más inteligente el haber focalizado más esta incertidumbre en los sentimientos de los jóvenes, dejando algunas pistas, en vez de explícitamente mostrar a cámara el macabro plan que está la mujer ingeniando.

Sally Hawkings proyectando su tan logrado ejercicio de mujer desquiciada | Fuente: @a24 (Instagram)
Desgraciadamente, ni con esa exposición queda del todo claro cuál es el modus operandi de la villana. Se entiende que hay un ritual espiritual o satánico que da forma a sus actos. Sin embargo, es escenificado vagamente y sin dar las justificaciones requeridas. El nudo se sucede con la esperanza de que en algún momento se llegue a entender exactamente cómo opera, más nunca llega a explotar plenamente.
Las ganas de entender vencen al tedio
Este desajuste, irónicamente, acaba por proclamarse como efectivo. Al permitir que se sepa un trozo del suspense, pero no su totalidad, los realizadores logran crear una pieza audiovisual dinámica y en la que no existen momentos innecesarios. Coopera en la hazaña una potente actuación de Hawkings, transmitiendo magistralmente su estabilidad impostada. Cuando la trama alerta con decaer, el body horror hace presencia, sin resultar innecesario, dignificando el apartado visual por las arcadas que puede crear en los más aprensivos.
De este modo, el resultado final de Devuélvemela es el de un filme que inteligentemente rechaza los socorridos sustos para así construir un templo de terror gracias al asfixiante clima. Tristemente, ante un desenlace que podría seguir esa estela, el tramo final se decanta por la emotividad. Por un lado, resulta artificial, pues no compagina con lo macabro de todo el conflicto. Por otro, da un tono de telefilme de sobremesa, sobre todo en el plano final, que queda cutre y hecho a prisa.
Independientemente de todo ello, la cinta se constituye como una obra correcta. Apuesta por una intriga no tan convencional y sale airosa del experimento. Recomendable plenamente para percatarse de que te podría pasar algo mucho peor en Australia a que haya por tu casa arácnidos gigantes.






