El Real Madrid empieza a reconocerse en el espejo

El equipo de Mourinho despacha al Málaga (4-0) con media hora de fútbol voraz, un Bellingham desatado y otro gol de Mbappé. Los blancos van adquiriendo forma, mecanismos y confianza, aunque conviene poner la goleada en cuarentena: enfrente había un rival con argumentos demasiado modestos para medir de verdad el crecimiento madridista.

Hay partidos que sirven para sumar tres puntos y otros que, además, ayudan a reconocerse. El Real Madrid utilizó al Málaga para las dos cosas. Ganó 4-0, resolvió el asunto en apenas media hora y dejó durante algunos tramos esa sensación que tanto agradecen los equipos todavía en construcción: la de empezar a saber de memoria dónde está el compañero antes incluso de levantar la cabeza.

Bellingham celebrando el gol – Fuente: X Oficial Real Madrid

El Madrid de Mourinho va cogiendo forma. Todavía no está hecho —agosto tampoco es momento para esculturas terminadas—, pero ya se adivina la figura.

El Málaga aguantó hasta que apareció Bellingham. O, dicho de otra manera, hasta el minuto 19. El inglés recuperó arriba y decidió que aquello podía solucionarlo él solo: conducción diagonal, potencia para atravesar la defensa y remate entre las piernas de Alfonso Herrero. Un gol muy Bellingham, mezcla de centrocampista, delantero y locomotora.

A partir de ahí se abrió la compuerta.

Vinicius y Mbappe – Fuente: X Oficial Real Madrid

Siete minutos después volvió a intervenir el inglés. Mbappé disparó, Herrero rechazó y Bellingham cabeceó el balón de vuelta hacia la portería. Puga evitó inicialmente el gol sobre la línea, pero la pelota rebotó en el propio guardameta malaguista y terminó dentro. El 2-0 tuvo algo de carambola, pero también mucho de lo que empieza a buscar este Madrid: recuperar pronto, instalarse arriba y convertir cada balón suelto en una emergencia para el contrario.

Y apenas cuatro minutos después llegó Mbappé.

Trent Alexander-Arnold puso desde la derecha un centro de esos que parecen llevar escrita la dirección del destinatario y el francés remató de primeras. Limpio, sencillo, mortal. 3-0 en media hora. Partido terminado.

Jose Mourinho durante un lance del partido – Fuente: X Oficial Real Madrid

Lo mejor para el Madrid no fue tanto el marcador como la naturalidad con la que llegó hasta él. Durante ese tramo jugó rápido y vertical, recuperó cerca del área rival y encontró a Bellingham con libertad para aparecer donde más daño hace. Valverde y Camavinga sostuvieron el centro del campo y Trent añadió profundidad desde la derecha. Hay piezas que empiezan a entenderse y, sobre todo, futbolistas que parecen comprender mejor lo que les pide Mourinho.

Después llegó la segunda parte y con ella cierta modorra. Normal. El Madrid levantó el pie del acelerador y el partido se convirtió durante demasiados minutos en una sobremesa de domingo. Bellingham todavía estrelló un balón en el poste, pero el ritmo cayó y el Málaga pudo respirar. Incluso llegó el pequeño sobresalto de un penalti señalado a cuatro minutos del final que el VAR terminó corrigiendo.

Cuando el Bernabéu ya buscaba las escaleras, Arda Güler puso el lazo. El turco lanzó la contra, se apoyó en Vinicius y culminó la jugada para hacer el 4-0 en el descuento.

Arda Güller celebrando el gol- Fuente: X Oficial Real Madrid

Nueve puntos de nueve y otra goleada. Hay motivos para que el madridismo sonría. Bellingham vuelve a tener aspecto de jugador total, Mbappé continúa haciendo del gol una rutina y el equipo transmite bastante más orden y energía que hace unas semanas. Mourinho va encontrando automatismos mientras mantiene algo esencial: el talento de sus futbolistas sigue teniendo espacio para decidir.

Pero tampoco conviene sacar el champán de la nevera.

El Málaga, recién regresado a Primera, no tiene plantilla ni recursos para ofrecer una medida fiable de hasta dónde puede llegar este Madrid. Durante once minutos recibió tres golpes y el partido dejó de ser un examen para convertirse en un entrenamiento con público. Los blancos fueron muy superiores porque jugaron bien, sí, pero también porque enfrente había un rival incapaz de soportar semejante diferencia de talento, físico y profundidad.

Jude Bellingham durante el partido- Fuente: X Oficial Real Madrid

Así que la goleada vale, pero no certifica nada.

El Madrid está mejor. Se mueve mejor. Presiona mejor. Empieza a encontrarse más rápido y, cuando acelera, aparecen esas ráfagas en las que resulta difícil seguirle el paso. Es una buena noticia a finales de agosto.

La prueba de verdad llegará cuando enfrente haya alguien capaz de devolver los golpes.

Hasta entonces, Mourinho puede quedarse con una certeza modesta pero importante: el Madrid todavía no está terminado, pero empieza a parecerse bastante al equipo que quiere ser

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